viernes, 23 de octubre de 2009

Pedir Ayuda

A todos, cuando pequeños, nos enseñan que si tenemos hambre debemos comer, que si tenemos sueño debemos dormir, que si tenemos frío debemos abrigarnos o si tenemos calor desabrigarnos, etc. Nos enseñaron a buscar un remedio a nuestras necesidades básicas.

A la mayoría nos hablaron de la importancia de ser buenos, atentos y preocupados con nuestros papás, con los amigos, con los demás. Y descubrimos que tener personas con quien compartir, es agradable y necesario para ser feliz. También nos enseñaron que comportarnos mal con los demás, nos puede llevar a quedar solos. Esto nos lo enseñaron a la mayoría… no a todos.

A sólo algunos enseñaron además, que si uno esta alegre puede reír, que si está triste puede llorar, que si está molesto puede verbalizar su molestia, que si siente vergüenza puede disculparse, etc. Es decir, la posibilidad de expresar nuestras emociones y nuestros sentimientos, favoreciendo a que las personas que nos rodean puedan entendernos, y con ello mantener relaciones sanas y gratificantes.

El problema es que sólo a una minoría, una muy pequeña, les enseñaron que además de todo esto… aunque los demás puedan ser capaces de entendernos… la gente no puede leer la mente… y eso que hay gente muy intuitiva, pero en realidad nadie puede saber qué nos pasa, qué es lo que sentimos, qué es lo que necesitamos, si no utilizamos esa maravillosa herramienta que es el lenguaje verbal humano.

Y junto con esto, una de las dificultades más grandes a las que nos vemos expuestos, por esta “falta de educación”, es que no sabemos cómo pedir ayuda.

En este sentido, todos manejamos cierta capacidad para hablar de lo que nos pasa, de lo que queremos y de lo que necesitamos, pero muchas veces… sólo nos enojamos con los demás, en especial con los cercanos, porque no son capaces de ayudarnos, incluso porque no son capaces de solucionarnos los problemas sin tener que pedírselo…

Esto es curioso, es como si guardáramos ese secreto deseo de que todos fueran como nuestras madres cuando éramos pequeños, que adivinaban lo que queríamos y nos lo traían, de que nos explicaran, …ellas a nosotros, qué es lo que nos pasaba, y encontraran la forma de remediar cualquier dolor y cualquier problema. Repito que cuando éramos pequeños, pues con los años… se pierde la telepatía, y aunque adivinaran lo que necesitamos, justo después de que sufren nuestra adolescencia, las madres entienden que es mejor que cada niño o niña, solucione solo sus problemas, y que busque sus propias respuestas.

Y es que esta incapacidad para pedir ayuda no nace con nosotros, es consecuencia de nuestro estilo de relacionarnos. Cuando somos niños pedimos ayuda constantemente porque reconocemos nuestras dificultades reales, pero a medida que vamos creciendo, se nos deja muy en claro que ya estamos “grandecitos” para eso. Aparecen frases como: “Ya deberías hacer eso tú solo”, o “Hasta cuando vas a esperar que te hagamos todo”. Es en ese momento cuando sentimos que debemos valernos por nosotros mismos, e incluso creemos que nadie va a ser capaz de entendernos, o que por el contrario vamos a mostrarnos débiles e incapaces, torpes y vulnerables, y caemos en una mudez emocional.

Entonces, cuando la situación obviamente nos sobrepasa, ya que en la vida nos topamos con muchos momentos para los que no estábamos preparados; nos vemos enfrentados a la necesidad de reaprender a pedir lo que queremos, a expresar nuestra necesidad, a mostrar nuestras dificultades, nuestras falencias y atrevernos finalmente a pedir ayuda. No es pedir que hagan las cosas por nosotros, simplemente es que nos den una mano, un apoyo, un consejo.

He visto esta dificultad en muchas personas adultas. Las he observado tener clara conciencia de que su vida no está bien, de que no están obteniendo toda la satisfacción que esperarían de sus relaciones, de su trabajo, de sus actividades cotidianas, pero no saben qué hacer para cambiar su situación.

Cómo psicóloga podría decir que nosotros, los psicólogos, como profesionales somos la única respuesta para quienes requieren de apoyo emocional, ...pero sé que esto no es así. A veces bastaría con saber pedir ayuda a la familia, a un sacerdote amigo, a un médico de confianza que sepa y quiera prestar oreja… y por que no, también a un profesional de la salud mental, psicólogo o psiquiatra. No somos la única respuesta, pero somos una muy buena opción.

Entonces, me temo que es esta falta de educación emocional, la que nos limita y nos impide acceder a algo que esta muy cerca, que es la posibilidad de sentirnos bien, de mejorar nuestra calidad de vida. Creo que para empezar, bastaría simplemente con el hecho de que nos demos permiso, reconociendo humildemente nuestra humanidad, para pedir ayuda.

Por lo mismo, quiero hacer una invitación a todos los padres y madres, educadores y personas cercanas a nuestros niños… no olvidemos en este largo camino de enseñanzas y aprendizajes, que cada pequeño y pequeña tiene derecho a no saber, tiene derecho a sentir temor, y por lo mismo, debe ser capaz de confiar en que estaremos ahí para tomar su mano, y que si la necesita recibirá nuestra ayuda, no importa si tiene 5, 10, 20 o 40 años, incluso 60 u 80.

Si quieres algo, si necesitas algo… por favor, pídelo. A lo mejor nadie podrá dártelo, pero al menos sabrás que diste un primer paso, reconocer una necesidad de cambio. Tema que espero abordar en alguna oportunidad.

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