miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los padres no podemos renunciar a nuestro rol formador


A raíz de muchos eventos que me tocó vivir este año, quedé preocupada al ver lo desorientados que están nuestros niños y jóvenes en relación, no a lo que quieren, sino al cómo manejarse para alcanzar sus metas y objetivos, y básicamente porque nadie ha estado ahí para enseñarles.

Siento que en particular, muchos padres justifican el abandono en que mantienen a sus hijos, con la propia necesidad que tienen de que estos desarrollen autonomía; porque no quieren o no pueden hacerse cargo.

Porque muy distinto es enseñar a los jóvenes a valerse por sí mismos, a hacer sus cosas solos, al hecho de dejarlos sin un consejo, un apoyo, una guía, ya que muy a mi parecer, no tienen los grados de autonomía necesarios ni a los 15 ni a los 16, y muchos ni siquiera a los 21 años para optar y luego hacerse cargo de las consecuencias que sus actos conllevan.

Lo podemos ver constantemente en las noticias; los altos indices de embarazo adolescente, los accidentes fatales después de las fiestas, la drogadicción, y hasta en cosas menos graves pero igualmente significativas, como la expulsión de un colegio por no rendir lo necesario, haber incurrido en faltas graves de conducta hacia profesores o directivos, incluso hacia compañeros, etc.

Me desconcierta cuando uno en un deseo de aportar, ya que alcanza a vislumbrar ciertas posibles consecuencias negativas, invita a esos padres a hacer algo, a tomar las riendas, a imponerse como autoridad sobre sus hijos, y sin embargo, estos se molestan y le gritan a uno que no se meta porque ellos reconocen en sus niños un “pensamiento autónomo” y que no tienen ya nada que decir ni que hacer con esos “seres maravillosos” que son sus hijos.

Lastima que esas maravillas cuando se meten en problemas, y están con el agua hasta el cuello, no saben que hacer y se desesperan. Ahí aparecen esos papás, antes siempre ausentes, para prestarles ropa, esconderlos bajo sus alas para protegerlos del malvado mundo exterior que no viene más que a cobrar aquello que le corresponde (paternidad, rehabilitación, asumir una cancelación de matricula, etc.) Es curioso, siempre los malos siguen siendo “los otros”.

Al ver tanto dolor cuando ya nada se puede hacer más que asumir, me cuesta pensar en por qué no se prefiere evitar estas situaciones siendo más papás.

Es necesario entender que nuestros hijos están llenos de amigos, buenos y malos, pero que padres sólo tienen dos, y ojalá sean buenos, pero no tienen más.

Que pena si se enojan porque no les dimos permiso para alguna actividad, pero primero los permisos se ganan con confianza, con respeto, con una historia de responder maduramente y responsablemente.

Que pena si nos dejan de hablar porque les quitamos privilegios si han bajado su rendimiento escolar. Más adelante serán capaces de entender que pueden perder un trabajo, con el que sostienen quizás a su familia, si bajan su rendimiento laboral.

Es difícil jugar a la bruja, al malo de la película, porque a uno le encanta que los niños nos digan que nos quieren, que somos maravillosos. Pero si realmente queremos ser los verdaderos “héroes” en las vidas de nuestros hijos, sepamos esconder la capa y marquemos claramente los límites.

Si al final, nuestros hijos, niños y jóvenes, deben entender que lo que buscamos para ellos es evitarles sufrimientos. Por ellos, nuestra autoridad debe basarse en la confianza, en la seguridad que los estamos formando para un mundo que no siempre les va a mostrar su mejor cara.

Por eso me encanta ver a papás que resisten las críticas, y siguen imponiéndose con mucho cariño, como autoridad creíble, sobre sus niños y adolescentes. Que los van a buscar a las fiestas, aunque no sea a la puerta, pero que saben como salieron del lugar. Que el conversar es una práctica tan habitual en la casa que no hay espacio para el “no tener idea” en lo que andan. Que la cultura familiar albergue a la cultura de los amigos, y que no sean enemigas. Que la jerarquía no sea sólo un medio para ejercer el poder, si no más bien un tener claro en quiénes nos apoyamos, cuales son los pilares.

Y tantas otras formas de NO renunciar a nuestro rol formador como padres.


martes, 25 de octubre de 2011

Para Compartir: Entrevista a Claudio Naranjo

Paseando por los blogs de siempre, me encontré con esta interesante entrevista y pensé lo importante que era compartir ideas tan claras y relevantes para nuestros tiempos. Al leer estas líneas, me doy cuenta de que nuestro problema de educación es mucho más profundo aún del que apenas imaginamos.


Claudio Naranjo.

Cuando uno escucha a este psiquiatra chileno de 75 años da la sensación de estar frente al Jean-Jacques Rousseau de nuestro tiempo.

Cuenta que estaba bastante dormido hasta que en los años 60 se fue a vivir a EE.UU., allí fue discípulo de Fritz Perls, uno de los grandes terapeutas del siglo XX y formó parte del equipo del Instituto Esalen en California. Allí tuvo grandes experiencias en el mundo terapéutico y en el mundo espiritual. Contactó con el sufismo y se convirtió en uno de los introductores de Eneagrama en occidente. También bebió del budismo tibetano y el zen.
Claudio Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Hardvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos la educación o este mundo se va a pique.

-Dices que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática de la educación y cuál es tu propuesta?
-La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.
La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.
El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.

-¿Cómo sería una educación para que seamos seres completos?
-La educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que la educación atienda también a la mente profunda.

-¿Cuándo hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?
-Tiene que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy lejos de la educación actual.
La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.
Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.

-A la educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente ¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?
-Yo pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados. Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.
Al sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.

-La educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?
-Es una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante, por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración, de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.

-Precisamente quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.
-Es una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas personas como las que somos ahora.
Estamos viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un desastre para el mundo tecnológico que tenemos.
La gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.

-¿Podríamos decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?
-Yo diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que estamos todos.

-Desde tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la muerte?
-En todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc… No estamos en nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana, estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para acceder es el aquí y ahora.

A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria.
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Más información sobre Claudio Naranjo en
http://www.fundacionclaudionaranjo.com

miércoles, 29 de junio de 2011

Para Compartir: "Los Hijos", del libro "El Profeta" de Gibrán Khalil Gibrán.

Los Hijos

Y una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los hijos.
Y él dijo:

Vuestros hijos no son hijos vuestros.
Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en
sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.
Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer.
Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.
El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana.
Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue.
Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable.




martes, 28 de junio de 2011

La más triste de las noticias

Hace algunos días escribí acerca de lo difícil que es aceptar la enfermedad de nuestros niños. En mi mente estaba la preocupación por una pequeña a la que se le había diagnosticado Leucemia.

Hoy, lloré ante la noticia de que esta enfermedad, con toda la violencia con la que se ensañó contra una niña, le arrebató su último suspiro, y le ganó la última batalla.

Mi Fé me permite entender su muerte como una transformación, imaginarla como el ángel que desde el cielo acompañará a su familia, entregando luz como acá en la tierra repartía sonrisas.

Sin embargo, mi pena está con su madre. Porque no soy capaz de imaginar ese dolor y estoy segura de que es imposible llenar ese vacío. Ese espacio en que ella, su niña, su pequeña ya no está en este mundo.

¿Qué me enseña esta situación de vida? ¿Qué puedo aprender de esta dura realidad, que no es propia pero que me ha tocado conocer de cerca?... me enseña mucho.

Ya me lo han dicho muchas veces, los hijos no son nuestros, son prestados. Ellos no vivirán nuestras vidas, vivirán las suyas propias. Ellos escribirán sus propias historias, aunque sean cortas. Nuestra misión es que desarrollen sus propias alas y aprendan a volar, aunque su rumbo sea hacia el cielo.

Mis hijos son pequeños, y aunque sé todo esto, me da mucho miedo de perderlos. Me aferro a ellos como si aún estuvieran atados a mí por el cordón umbilical, aunque lo cortaron hace tiempo, al menos físicamente. Hoy, los abracé con más fuerza, mucha más fuerza. No creo que hayan entendido por qué.

Por último, cuando me pregunto que pasaría si un ángel me previniera que voy a perder a un hijo y me ofreciera la posibilidad de olvidarlo, de sólo llevárselo y evitarme el sufrimiento de su recuerdo; me opondría terminantemente a negar un sólo segundo de su existencia.

Es terriblemente doloroso perder un padre. Lo sé y he dedicado varias líneas a compartir esa experiencia en este blog. Pero perder a un hijo debe ser un sentimiento desgarrador, que atenta contra las entrañas de una madre, arrebatando el tesoro concebido, la vida.

Es triste tener que compartir estas ideas, pero el poder hacerlo me ayuda... a trabajar la pena, a elaborar un duelo que esta vez, gracias a Dios es prestado.


martes, 24 de mayo de 2011

La salud de nuestros Hijos

Si hay algo que realmente me angustia, es cuando uno de mis hijos se enferma o accidenta. Y no me refiero a una gripe o a un simple resfrío, sino cuando necesito llevarlos a qué les hagan exámenes, a cuando quedan en observación; y cada minuto esperando una respuesta para saber qué es lo que tienen, parece clavarse en el reloj.

Las enfermedades nos muestran lo frágil y delicada que es esta extraña máquina que es nuestro cuerpo humano, lo rápido que se puede echar a perder, y lo difícil que es preveer que esto vaya a ocurrir.

Y si bien es esperable que enfermen las personas que ya tienen sus años, y entre ellas me pongo en la lista, no lo es cuando se trata de niños pequeños. Ellos gozan de tanta energía, de tantas ganas de reir y disfrutar, que cuando nos dicen que están gravemente enfermos nos sentimos morir.

Se pone a prueba nuestra Fé, porque pensamos y sentimos que no es justo. Preferiríamos mil veces que el diagnóstico cayera sobre nosotros y no sobre nuestros pequeños. Creemos que sería mucho más fácil aceptarlo y tolerarlo en nosotros, pero jamás en ellos.

Escribo esto, porque hace algunos días, nos enteramos con mucho dolor, que a una pequeña de 2º básico del colegio de mis hijos le diagnosticaron leucemia.

Una niña que hasta hace pocas semanas corría y jugaba naturalmente por los patios de su colegio, compartiendo la alegría de vivir con sus compañeros y amigos, hoy está en una pieza de hospital, acompañada de la cálida presencia de su familia, deseando probablemente volver pronto a su casa; y esperando obtener las respuestas a las preguntas que el futuro hoy le hace a su presente.

Me pongo a pensar y trato de imaginar... pero no puedo, me angustia la idea a tal punto que me quedo en blanco, y vuelve, una y otra vez, la pregunta... ¿Qué será de su niñez?

Sólo espero, y por eso la tengo diariamente en mis oraciones, que ella y sus padres encuentren la fuerza para superar y entender estos difíciles momentos. Que puedan aceptar esta terrible situación como una prueba, muy dura por cierto, para demostrarse cuánto se quieren, cuánto han aprendido de la vida, y así crecer juntos, encontrar un sentido, y ser... como el metal, que se forja en el fuego, golpe a golpe, para alcanzar una forma cada vez más perfecta.

Me gustaría confesar, que hoy ruego con más fuerza a Dios para que nos acompañe como familia, proteja a cada uno de mis hijos, y que en la medida de lo posible, según sea su voluntad, nos libre de tan extremo y severo aprendizaje.

Y por último, para las familias que se encuentran en esta difícil situación, un consejo “profesional”, que nace más de lo “maternal”que de lo académico (aunque se corrobora con un montón de estudios científicos acerca de cómo es que funciona nuestro sistema defensivo, como es la respuesta al estrés, y de cómo se recupera el organismo), es: “mucho amor, muchas caricias, muchas risas y mucho saber estar, saber acompañar”

lunes, 16 de mayo de 2011

Para Compartir: Ser Mamá, por Isabel Allende


Siempre que quieren hablar de madres en la televisión muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes, dulces, cariñosas, sin una pizca de cansancio, espléndidamente maquilladas y a eso agregan maravillosas frases de posters.
¡¡Mentiras !!!

Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden. (aunque más de una vez queremos abarcar TODO)
Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve, pedimos la epidural en el parto.

Puteamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta.

Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice 'enano' o 'cuatro ojos', y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, en realidad querríamos tener el cogote del pequeño verdugo entre nuestras manos.

Y también pensamos que la vieja de geografía es un mal bicho cuando les baja la nota porque no saben cuántos metros mide el Aconcagua que, al final, a quién carajo le importa!.
(Pero no lo podemos decir.)

No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado no tenga gusto a pescado y disimulando las verduras en toda clase de brebajes, en lugar de tirar una hamburguesa a la plancha.... Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.


No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito... Es que tenemos miedo de que se enfermen.

No es que los queramos más cuando se bañan.... Es que no queremos que nadie les diga roñosos.
No lo hacemos por Uds. Lo hacemos por nosotras.

Porque ser mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y sonrisas de aspirinetas.
Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma. Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran. NADA, nunca, jamás.

Ustedes nos hacen felices.... cuando les encantan nuestras milanesas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele.

Cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo…. y curitas.

Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá.
Cuando nos proponen casamiento porque somos "SU NOVIA".(y lo disfrutamos mientras llega la primer noviecita que nos destierra de ese lugar)

USTEDES NOS HACEN MEJORES.

Nos dan ganas y fuerzas. Nos comeríamos un animal crudo antes de que les toque un dedito del pie.

Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya como el reverendo cara....

Cantamos las canciones de Chiquititas y vemos Barney y escuchamos a Los piojos y compramos Nopucid y repasamos 500 veces la tabla del 2 y arreglamos el carburador para llevar a los chicos a fútbol, a inglés, a dibujo, a la psicóloga, a basquet, a volley, a danzas, a la casa de la amiga, a la maestra particular, al dentista, al médico, a comprar un pantalón...

Y armamos 24 bolsitas con anillitos y pulseritas y tratamos de que el pastel parezca un Pikachu

Y nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra
y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas
y estudiamos junto a ustedes ríos, provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos.....

Sólo y exclusivamente para verlos felices.

VERLOS FELICES ES LO QUE NOS HACE FELICES.
Ojalá pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch (como la lámpara que cayó en combate en la última guerra de pijama party), para que fuera un lugar mejor para ustedes.

GRACIAS POR HACERME SU MAMÁ. GRACIAS POR HACERME TAN IMPORTANTE.

Gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio con corchitos y palillos (que casi nunca entiendo para que sirven pero guardo religiosamente)

Gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera, el Amoxidal

Por tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota,
Por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria.....

Son mis mejores medallas.
Gracias porque LOS AMO.
Y ese, es el amor que me hace grande.

Lo demás es marketing...